Las sorpresas de la Vida.
Esta mañana llegué deprisa a mi oficina y me estacioné en el lugar de siempre. Indignada miré como un señor, el mismo de todas las mañana, alimentaba a los gatos que habían arañado el Capó de mi auto. Me acerqué con la intención de comentarle lo que me había pasado y lo molesta que estaba pues nadie correría con reponerme ese gasto y que si los seguía alimentando se seguirían reproduciendo y causarían más daños. Incluso pensé comentarle que un día cuándo pretendí abrir el carro para irme a mi casa, uno de estos felinos me salto cerca como queriendo atacarme, pero yo corrí más rápido por el susto creo y no llego a mayores.
Me quede observando antes de decirle algo y el señor estaba con la cabeza baja y acariciando a uno de los gatos, mientras los otros disfrutaban de un rico desayuno. Pensé en un momento que los gatos eran más afortunados en ese momento que yo, pues todavía no había desayunado. Mire detenidamente al señor y me percaté de que estaba sucio, de que era una persona pobre y que tenía un saco cerca suyo. No parecía indigente, pero si parecía pobre, fue entonces cuándo dude acercarme pues era una imagen muy tierna y el señor parecía disfrutarlo.
Me acerqué de todos modos y saludé al señor y le dije:
"¡Que Bueno! Estos niños comen mejor que yo y hasta se ven consentidos." -El Señor esbozo una gran sonrisa que me lleno el alma.-
"Lo que pasa es que sienten amor a su alrededor, por eso se ven llenos de energía"
"Y si que tienen, mire lo que le hicieron a mi auto"
"Pobres, si tuvieran una casa, tendrían alguien que los cuidaría todo el día, les daría una comida decente y soportarían sus travesuras, pero ahora, son gatos de la calle y los gatos de la calle son despreciados. Lo mismo pasa con las personas. Cuando tiene casa, carro y demás todos los quieren. Pero cuando se quedan sin nada, son otros mas de la calle a quien nadie les importa, es por eso que yo vengo todos los días a darle de comer y a decirles que son criaturas de Dios, que el los ama y nunca los abandonará".
Me fuí con lágrimas en los ojos, que importaba ahora mi auto ... En verdad ... que importaba. Desde entonces he tenido mi auto con unos rayones, que les he tomado más cariño y que cada vez que los miro me recuerdan que debo dar gracias por lo poco que tengo y que hay personas que están en muy malas condiciones y que a pesar de eso, siguen teniendo confianza en Dios.
Esta mañana llegué deprisa a mi oficina y me estacioné en el lugar de siempre. Indignada miré como un señor, el mismo de todas las mañana, alimentaba a los gatos que habían arañado el Capó de mi auto. Me acerqué con la intención de comentarle lo que me había pasado y lo molesta que estaba pues nadie correría con reponerme ese gasto y que si los seguía alimentando se seguirían reproduciendo y causarían más daños. Incluso pensé comentarle que un día cuándo pretendí abrir el carro para irme a mi casa, uno de estos felinos me salto cerca como queriendo atacarme, pero yo corrí más rápido por el susto creo y no llego a mayores.
Me quede observando antes de decirle algo y el señor estaba con la cabeza baja y acariciando a uno de los gatos, mientras los otros disfrutaban de un rico desayuno. Pensé en un momento que los gatos eran más afortunados en ese momento que yo, pues todavía no había desayunado. Mire detenidamente al señor y me percaté de que estaba sucio, de que era una persona pobre y que tenía un saco cerca suyo. No parecía indigente, pero si parecía pobre, fue entonces cuándo dude acercarme pues era una imagen muy tierna y el señor parecía disfrutarlo.
Me acerqué de todos modos y saludé al señor y le dije:
"¡Que Bueno! Estos niños comen mejor que yo y hasta se ven consentidos." -El Señor esbozo una gran sonrisa que me lleno el alma.-
"Lo que pasa es que sienten amor a su alrededor, por eso se ven llenos de energía"
"Y si que tienen, mire lo que le hicieron a mi auto"
"Pobres, si tuvieran una casa, tendrían alguien que los cuidaría todo el día, les daría una comida decente y soportarían sus travesuras, pero ahora, son gatos de la calle y los gatos de la calle son despreciados. Lo mismo pasa con las personas. Cuando tiene casa, carro y demás todos los quieren. Pero cuando se quedan sin nada, son otros mas de la calle a quien nadie les importa, es por eso que yo vengo todos los días a darle de comer y a decirles que son criaturas de Dios, que el los ama y nunca los abandonará".
Me fuí con lágrimas en los ojos, que importaba ahora mi auto ... En verdad ... que importaba. Desde entonces he tenido mi auto con unos rayones, que les he tomado más cariño y que cada vez que los miro me recuerdan que debo dar gracias por lo poco que tengo y que hay personas que están en muy malas condiciones y que a pesar de eso, siguen teniendo confianza en Dios.

1 Comments:
Que bonita historia :)
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CaDs, at 7:24 PM
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