Mis Escritos

Friday, April 28, 2006

Lo que todas las mujeres se rehusan a aceptar, yo lo grito a los cuatro vientos.

Tengo sobrepeso ... Un sobrepeso de de dieciocho libras, y no estoy en dieta, y no estoy haciendo ejercicios porque no ando muy bien de salud. Y la verdad, no me importa (por ahora): ¿que esta mañana me ofusque porque nada me servía, que no haga nada porque estoy subiendo cada vez más, que mi Mama (que pesa 108 libras, tiene 0 celulitis y 0 barriga y mejor cuerpo que el mío y tenga 57 años) me repita a cada rato que parezco a Garfiel, que mi hermana me diga a cada minuto que soy gorda, que mis amigas hablen a mis espaldas de mi peso, que mis primas me digan en todo cínico que si estoy embarazada?. No, no me importa, creo que pesar 128 libras no tiene nada de malo. Digo, nunca había pesado tanto, pero la verdad, me siento bien con mi peso, muy bien y estoy feliz porque ahora uso L en vez de M.

(Por favor, agradezco los comentarios de este escrito a mi mail personal, lo siento chicas ... pero esta es la verdad .. no es un pecado que no parezca modelo).

Quiero escribir sobre mi cumpleaños porque estoy triste, y desde que tengo once, mis cumpleaños han sido fechas temidas por las malas noticias que siempre acarrean. No hay otra fecha que tema y aborrezca más ... y he pensado mucho en este tema esta semana, y en realidad es, porque escucho de gente joven que ha muerto o que tienen enfermedades terminales o sólo con la idea saber de que hoy amanecemos y mañana no sabemos ... So, no es que piense que voy a morir mañana, pero si esto pasara, pues ya dí mis instrucciones, nada de entierro, más prefiero cenizas desde la Virgencita en Boquete para que se difuminen por el lugar que más quiero, un poco distribuidas en el Río Caldera, otro poco entre el Camino de Cruces y mi cuarta parte en un caluroso día de verano en el Atlantico, si puede ser Bocas del Toro, mucho mejor, sino, me conformaré con Isla Grande, más que para vencer el miedo a nadar en el océano, aunque me haya muerto, que por la idea de que encanta el mar. Dice mi abuelo que la muerte es lo único seguro y que el ya se hizo su "casita". Hace poco me mando a comprar el santito que va arriba de la cripta y cada vez que voy a mi pueblo, me lleva obligada a ver cómo van los avances de su futura residencia como la llama y me da detalles de lo que han hecho los albañiles. La verdad suena un poco patético, pero lo escucho con atención y veo su cara más que resignada, lo veo aceptando lo que muchos ni siquiera desean hablar. Pero también me impresiona ver que aunque sea gruñon como dicen mis primos, día a día se levanta a hacer su café, cuando lo visito me cuenta cosas de su pasado, hasta se ríe con mis relatos de mi vida en la ciudad y de mis ocurrencias. Estuve esta última vez más tiempo con él de lo que esperaba, hasta un día me quede dormida escuchandolo y me levanto varias horas después, agradecido porque me quedará en su casa, que andareguiando por la barriada como dice El, aunque estuviera dormida. Mientras, tomé la decisión de actuar como el y aceptar lo que tiene que pasar, pero con un carácter mucho más dulce y mucho más agradecida por la vida. Decidí también que cada día lo voy a vivir simple, aunque a veces hago cosas extremas, porque me gusta disfrutar de las pequeñas cosas, no viviré cada día como si fuera el último, porque quiero que mi último día sea normal. Y también decidí que si voy a celebrar este cumpleaños que viene, porque el año pasado recibí muchas muestras de cariño: Me cantaron cumpleaños en la oficina, Antonio me regalo el sombrero que llama tanto la atención cuando lo uso en Boquete, que ya le tienen sobrenombre: El Zorrillo, y cuando me ven sin el, me preguntan que donde deje a mi compañero, como si tuviera vida en realidad, y me lo quitan y se lo ponen y lo celebran una y otra vez, aunque lo han visto mucho; Fernando mi mejor amigo me canto cumpleaños con su familia, sabiendo yo que no era quincena y que tenía que comprar comida, pero tampoco podía decirle que no, lo iba a desilusionar. Además mi Mama me canto con mi familia dos cumpleaños, dos dulces, dos comidas, y Eduardo me invito a comer comida italiana, sangría y me regalo un radio al final del día. Quizás este año me feliciten dos o tres personas, cada vez se reduce más el número de personas que se acuerda de mi cumpleaños, pero no importa, porque a medida que vienen los años, me voy sintiendo mejor ... que raro, pero es verdad. He decidido que de ahora en adelante celebraré mis cumpleaños dentro de mí, con una felicidad que será difícil de borrar y qué pase lo que pase, no me voy a preocupar por esa fecha. Así que quizás este año o haga una fiesta muy elaborada con poca gente, porque tengo mucho que celebrar, o simplemente me pase el día leyendo porque será uno más. Lo que si estaré consciente es que cada día es un cumpleaños a la vida y cada día también, es un riesgo ante la muerte.

CAFE COMPARTIDO ...


No te voy a negar todo lo bueno que has hecho este tiempo, pero muchas cosas pequeñas desatan lo que hoy siento. Es difícil reconocer lo que ha pasado despues de tanto años, y que ahora se dañe sin ningún miramiento. Quizás no me dí cuenta hasta ahora, quizás paso hace mucho tiempo, pero el café que compartí contigo en cada momento, es un recuerdo inborrable y que llevaré muy dentro. Después de todo fuiste muy importante y lo más probable es que lo seguirás siendo, lo único es que ahora no lo seguirás oyendo. Ilógico suena todo esto, pero la verdad hay momentos que uno debe analizar lo que pasa realmente, aunque duela la verdad, ésta hay que aceptar. Qué lástima que el último momento fué muy frugaz, qué lastima que no haya podido compartir un café más, pero he decidido que las cosas han cambiado, porque no me gusta lo que has hecho y ya es hora de no ignorar todo lo malo que has acumulado. Esto tenía que pasar, ya no compartiré una taza de café más ....

Monday, April 24, 2006

Esta mañana me levante sin ánimo, a regañadientes porque amaneció muy rápido. Tu gato me miró de reojo como reprochandome por mis quejidos. Me acerqué a la mesa de tu sala y lo miré fijamente. Empecé a tener una conversación telepática con él:
"¿Cómo puedes pasarte horas, dias y meses aquí sin salir? Y aunque el departamento es grande, no hay más para dónde ir. ¿Cómo puedes levantarte sin apatía y sin chistar? Pues los días para tí deben ser los mismos, monótonos y cargados de apatía. Que desgracia tu vida."
Me contesto:
"Día a día me levanto y doy vueltas alrededor de la cama, del televisor, como, me tiro al suelo viendo hacía la ventana y he estado apunto de tirarme por el balcón a ver si encuento algo al final del edificio, allá, ocho pisos más abajo. Pero en realidad, cuándo pretendía hacerlo, porque la verdad ya no me quedaba otra opción, llegaste tú a fregarme la vida, a gritar todas las mañanas cuando te pido comida, y en realidad eso me divierte, aunque tenga mucha comida, te doy vueltas y vueltas hasta que te molestas y me gritas. Te ves tan graciosa con tu cara enfadada por una tontería que al final he hecho que se vuelva una rutina para tí. Con eso me he probado que puedo hacer contigo lo que quiera. Me repites todos los días que no entre al baño y deje todo sucio, pero en realidad también lo hago porque encuentro divertido que repitas una y otra vez lo mismo, espero con ansias el día que te canses, para al final, me tires por el balcón y que sea tu culpa y no la mía. Pero sabes entre todo este tiempo, te voy queriendo poco a poco, y más me compadezco de tí que de mí. Te ves tan preocupada por tu trabajo, porque todo te salga bien acá, porque te quieran de verdad, porque todo este perfecto: la comida, la cama todos los días y te veo a veces frustrada y sabes? esa aspecto se borra cuando ves al hombre de tu sueños. Eres tan cambiante y tan tonta. Te frustras por tonterías y al ver a una persona se te borra la apatía. Y de nuevo me vuelvo a reír de tí, porque mañana pensaré que eres una tonta otra vez, una tonta enamorada, que pasarán los años sobre tí y seguirás preocupada sin razón de estarlo y espero estar yo aquí para ver si me dejas hacer lo que quiera sin que digas una palabra. Lo dudo tanto, pero veremos, el tiempo lo dirá".
En ese momento me dí cuenta que no puedo vivir sin tí ... y sin tu gato ...

Friday, April 21, 2006

... Las estrellas no son son más que luminarias terrenales, que se distinguieron por su afán de alcanzar el cielo ...

A ver que tal sale:

MI TIERRA AL AMANECER

Vientos azotan mi alma embelezada,
al tenerte a mi lado otra vez.
Siento el aroma del café recién tostado,
como me lo hacía mi abuela en mi niñez.

Piso de nuevo tu tierra
para sentirme tentada a recorrerte descalza,
vengo de nuevo a mi patria
por eso las lágrimas arrasan mi cara.

Oler de nuevo el destino
hace que mi corazón de un giro.
Oler de nuevo las rosas
hace que mi rostro sienta el rocío.

Claro es mi camino porque me tengo que ir,
pero antes apreciaré tu paisaje tan cambiante
para llevarlo tatuado en mi espalda
para que me dé soporte cuando te llore mi alma.

Y sigo mi largo recorrido,
convencida de que ningún otro lugar
será como tú al despertar,
porque cubres mis pasos con tus flores
y cobijas mi alma con tu olor a café,
¡Oh Boquete tan pequeño eres,
pero tan grande al amanecer!

La verdad hoy no estoy de buen humor, y culpo al restaurante de comida Indú del lunes. Sé que es una excusa tonta, pero en realidad ya el martes no podía casi respirar. Sé que el picante no fué el culpable, en realidad me gusto más de lo que imaginé. Añoré tanto mis raíces y recordé a mi Padre al sentir el fuerte incienso. A veces cuando algo te falta es cuando lo tomas en cuenta. Me falta el aire. Nunca pensé que eso me pusiera tan triste.

... Tenerte es como cuando estas ausente, porque igual te quiero cuando no estas cerca de mí ...

Siempre pensé que serías muy atento, muy meloso, muy amable y muy chisquilloso. Como uno se equivoca cuando vas conociendo de verdad a una persona. Ahora te enrredas en tus asuntos, me miras de reojo y sonríes. A veces me pones atención y a veces me ignoras, pero la verdad prefiero que sea así. Estoy conociendo poco a poco tus palabras, pensamientos y tu sentir, que ocultas cuando cierras tus ojos. La verdad me gusta, más de lo que pensaba. No me importa que a veces hagas bromas sobre mí o te rías de mí. Es la primera vez que puedo hacer lo que quiero sin reestricciones, pero con una ventaja adicional: Tenerte a tí. Me gusta que sea a veces tácito, a veces sin sabor, a veces maravilloso, a veces fuera de este mundo, pero también me gusta que a veces es tan normal que puedo hasta aburrirme. Me gusta que tenga altas y bajas, aunque percibo muchas altas más que bajas, quizás por mi propia emoción. Acallas mis ganas de gritar lo bien que estoy, diciéndome que puede ser aún mejor. Me gustas tan normal, tan callado, tan cínico a veces, y tan fo, tan eteril y tan increíble que mueves mi mundo aún sin dar un paso. Esa es la diferencia.

Entra un frío helado por la ventana semiabierta de mi desván. Miro el reloj que apenas marca las diez, y afuera una niebla que amenaza con envolver los rastros de lo que fué una vez el camino al cementerio.
Levanto mi tazo de café, ya fría por el ambiente tétrico y corroboro que parece más una leche cortada que el recuerdo de un capuccino. Me aconjo con saber que no tendré una sensación caliente ni por el café ni por la chimenea que acaba de apagarse y mis ánimos no me dan espacio para colocar la leña de nuevo en su lugar. La silla alta y rojovina donde estoy sentada me brinda poca comodidad y añoro los días de niña cuando acostumbraba a recostarme sobre ella toda desparramada sobre las manijas, donde el estar erguida era lo último que deseaba. Mi bufanda cubre levemente mi garganta. Mi tos no cesa y por el impulso, me levanto colocando enseguida mis pantuflas acolchonadas que por lo menos ellas si brindan un poco de calor. Abro la puerta por la mitad, porque en aquellas casas antiguas la puerta tiene dos partes, y dejo entrar aún más el frío. Bajo los escalones lentamente mientras coloco mis manos en la gabardina que da hasta el suelo. Me dirijo hacia el jardín que casi no se divisa por la escasa luz de luna. Avanzo y mi mano siente aún más frialdad al ver la lápida, que me espera. Mientras sigo tosiendo.

Friday, April 07, 2006

GRATIA PLENA

Con apenas trece años viví el horror de la vida y la muerte en un ser humano, quizás el de mayor grado de inocencia en un ser humano. Percibir tal muestra de desinterés hacia una persona que está por nacer, me hizo saltarme una etapa de mi vida, ya que en mi mayor punto de rebeldía, al comenzar la adolescencia una experiencia como ésta, te puede marcar para toda la vida.
Mi amiga Elena siempre era muy elocuente, con una sonrisa inborrable, con una belleza austera, blanca como los cabellos de mi abuela, con ojos negros pequeños, como bellotas y con un cabello largo, envidiable por muchas, pero más aún de envidiar, su novio de Universidad. ¿Acaso no es un delito tener un noviazgo con una menor?. Que ingenua era en ese entonces, pero hasta ese momento me duró la inocencia. Pensaba que los noviazgos eran solo de besos y abrazos, de declaraciones de amor, de poemas, de lágrimas porque los padres no los dejan verse y de utopías y condenas, de fantasías, de ensueño. Aquella inocencia de que todas las personas son buenas, que la persona que más crees conocer, es la que es incapaz de hacer las cosas más terribles que jamás imaginaste. Aquella inocencia arrebatada de un tajo, cuando uno piensa que el amor es rosa y que durará para siempre, cuando estas seguro que la persona que más quiere jamás te hará daño, pero, ¿Que te arrebate la vida aún antes de nacer? ¿Mi mejor amiga? ¿Su hijo?. Bajo esta circunstancia, cualquiera de trece años pierde la inocencia enseguida. Elena me la robo.

Un jueves en clase de ética a las nueve de la mañana, entro Elena por la puerta, pálida, transparente, ausente. Le pregunté si se sentía mal y me respondió por inercia que iríamos a la piscina el sábado con todo el grupo de amigos, que no podía faltar, que pasarían por mí en el carro viejo de Aníbal. De hecho, siempre ibamos todos en el pickup viejo de Aníbal, en el vagón, expuestos al peligro, pero eramos jóvenes, uno en esa edad no mide el peligro. Elena no habló casi ese día, pero la ignoré, pensé que si quería hablar conmigo de algún problema lo haría si quería. Si es que su Papá le había pegado, me lo habría dicho riéndose y burlandose de él, pues ya tomaba muy olimpicamente sus golpes. El viernes faltó a clases, pero yo estaba muy ocupada con mi clase de Matemáticas y con la obseción de ser la mejor en clase. A veces hay cosas más importantes que el Amor, la Amistad o la Dignidad. ¿Qué podría ser más importante que eso?. Según Elena, lo que pensará la gente. Eso me lo demostraba día a día con sus actos. El sábado temprano sóno el claxon del pickup viejo de Aníbal y todos gritaban al unísono mi nombre. Me puse mi vestido de baño lo más rápido que pude, y subí de un salto al auto. Frente a mi estaba Elena, diferente, no era la misma y su novio le decía cosas al oido. Noté que cada vez que le habla ella arrugaba la frente y su cara se teñía de un tono preocupante. Sabía que algo pasaba: Elena no era tan amiga como esperaba, pues me hubiera contado sus penas, pero esta vez no lo hizo. Pasó una semana más y en el salón de clases Elena brillaba por su auscencia. Después de tantos días mi preocupación aumento y decidí pasar por su casa después de la escuela para llevarle las tareas. Su Mamá me recibió alegre y me comentó que Elena estaba en cama, que se había desmayado en días pasados y que no se había podido parar de la cama. Pasé a su recámara y note a Elena no acostada en la cama, sino inmersa en ella, auscente en una tristeza honda que me hizo humedecer mis ojos. Sentía luto, dolor y cuando ella me miró me dijo que el dolor de estomago era desgarrador. Le llevé agua como me pidió, también le deje copia de todas las tareas. Cuando llegué a mi casa, la sensación de tristeza fué tan grande, pero no por Elena, sabía que algo más pasaba. Lo raro era que su Mamá lo ignoraba por completo, estaba tan normal. De lo único que estaba segura en ese momento era de que la verdad siempre se sabe, tarde o temprano y que aunque no era mi problema, estaba convencida de que la verdad me llegaría. Desde entonces y a mis veinticinco años, he estado convencida de que todo lo que necesito saber se me revela y quizás fué en parte por este hecho que me convenció de tal mito. Pasaron los meses y una tarde en una reunión de amigos, Aníbal, el del pickup viejo, empezó a acariciarme el hombro y me repetía que yo era una gran amiga y que sería una gran mujer, una gran madre y una persona de éxito. Aníbal no era tan amigo mío, pero no entendía porque me decía eso y menos entendía sus lágrimas en los ojos. Me dijo que entre el grupo se rumoraba que yo era la persona que mejor consejos daba y la más madura, a pesar de que todos tenían más de dieciocho, y yo apenas trece. Nos apartamos del bullicio y empezo a llorar en mi hombro con quejidos desgarradores, diciéndome que desde hace un par de semanas no podía dormir, no tenía su consciencia tranquila, que iría al infierno. Yo pensé lo peor y hasta me aleje un poco físicamente de él. Yo no mencionaba palabra, no entendía que pasaba. Entonces Aníbal soltó todo como si estuviera frente a un padre dando su confesión: Hace unas semanas llevo a Elena y a su novio a una clínica en el centro de la Ciudad, le hicieron jurar que no dijera nada, pero viendo su estado, comprendí que debío ser algo muy grave. Sólo hablaba de los gritos de Elena, de sus lágrimas, de sus palabras: No ... me duele (Creo que más me dolío a mí). Me contó que empezó a patear la puerta, para intentar derrumbarla, Elena necesitaba ayuda, pero el novio de esta se le abalanzo y no dejo que entrara. Aníbal jadeando me relato minuto a minuto como fué. Cuando termino me miro a los ojos y me dijo que se iba para su casa, quería ver a su Madre y decirle cuánto la quería y que lo perdonara por los días de groserías, por los días que no le dió un beso.

Años después supe que Elena se caso con su novio y que ... perdió su hijo al nacer. No sé si era malo pensar que todo se paga en esta vida o si era justo pensar así, aborrecerla porque a tan temprana edad me quito mi inocencia, me sumió en el odio y me dejo marcada las noches con pesadillas.